Blogia

todoloqueustednecesitasaber

Preguntale al plovo- John Fante

Preguntale al plovo- John Fante

AUTOR: John Fante
TÍTULO: Pregúntale al Polvo
EDITORIAL: Anagrama S.A. (Segunda edición)
AÑO: 2007
PÁGINAS: 204
TRADUCCIÓN: Antonio-Prometeo Moya
RANK: 10/10

.


Por Alejandro Jiménez

Para nadie es un secreto que la mayoría de nosotros ha llegado a Fante gracias a Bukowski. El de Fante, a mi parecer, es el más increíble e imperdonable caso de olvido en una época; una página de la literatura estadounidense que todavía hoy, no alcanzan a borrar, ni las ediciones sucedidas después de Hank, ni las palabras a su propósito escritas por los críticos que, fíjense, han conseguido ver un poco más allá de su nariz.

Pero, además, el caso Fante es el caso del escritor que –suprema ironía- la época desconoce, exactamente porque aquel la conoce tan bien, tan descarnadamente bien, que resulta peligroso. El caso de quien puede afirmar de manera contundente que los destinos de esos miserables que viven a traspiés y golpes de suerte, con la necesidad pintada en su cabello, mientras fuman y beben en las esquinas de una ciudad que no les pertenece, esos destinos, digo, y esas historias, también deben contarse.

John Fante –cuyo centenario parece cosa de nadie- fue hijo de emigrantes italianos, pero norteamericano de nacimiento. De vida siempre humilde, trabajó como guionista en Hollywood al tiempo que se dedicaba a la literatura. Ésta, su Pregúntale al Polvo, es la segunda de las novelas que componen la tetralogía protagonizada por Arturo Dominic Bandini, un escritor sobreviviente que sueña con el reconocimiento desde los suburbios más pobres de Los Ángeles.

Tal como afirmó Alessandro Baricco en una muy acertada síntesis de la novela, en Pregúntale al Polvo hay, al menos, tres grandes transversalidades. En primer lugar, la que tiene que ver con la vida intelectual del protagonista, o lo que equivale a decir, su trabajo y búsqueda como escritor; luego, la problemática referente a la imposibilidad del amor, que viene de la mano de una experiencia difícil e incontinua con Camila López y; finalmente, el aspecto espiritual que comporta especiales dimensiones en la relación de Bandini con el catolicismo y las nociones de pecado y redención que de allí se desprenden.

Arturo Bandini, el escritor

A.D. Bandini ha llegado a Los Ángeles decidido a alcanzar el renombre literario. Instalado en la habitación 678 de Alta Loma, una sucia y pobre pensión de Bunker Hill, nuestro autor se debate entre el logro de su primera publicación, “El Perrito que Ríe”, en la revista de J.C. Hackmuth –su mentor y descubridor-, y la necesidad de seguir escribiendo a pesar del hambre, la incomodidad y la falta de ideas.

En el transcurso de su búsqueda y decidido a no perder la relación con su editor, escribe constantemente a aquel cartas de admiración, cartas con preguntas, otras pidiendo consejos y, así, establece una continua cadena de correspondencias que no se corta a pesar de las sencillas y concretas respuestas de Hackmuth. Una de aquellas misivas, la más extensa, se convertirá en la segunda publicación de Bandini, “Las Colinas de Antaño”, por la que recibe algo más de 150 dólares que desaparecen de inmediato entre alcohol, prostitutas, ropa y algunas fruslerías.

Sin embargo, el verdadero triunfo de Bandini será la publicación de su primera novela. Una historia que ha escrito después de su experiencia con Vera Rivken, una mujer afectada emocionalmente, pero en quien el autor encuentra la fuerza de una idea original. Así, queda abierta la posibilidad de esa carrera meritoria que desde siempre Bandini presentía en las entrevistas futuras, en las reseñas de sus libros y en las biografías:

“Periodista: Señor Bandini, ¿cómo se le ocurrió escribir este libro que le ha hecho ganar el Premio Nobel?
Bandini: El libro está basado en una experiencia auténtica que me sucedió en Los Ángeles una noche. Todas y cada una de las palabras del libro son verdaderas. He vivido el libro, es experiencia pura” (Pág. 29)

La posición de Bandini respecto de la escritura está muy bien definida. En primer lugar sólo desea escribir algo que resulte impactante para el mundo, algo que pueda llamarse sin exagerar: “lo no dicho desde Joyce”. Por eso Bandini se burla de los cuentos de Sammy, el amigo de Camila; por eso la escena inolvidable de la página 69, con una niña asustada y el autor, de un lado a otro, pensando las dedicatorias. Y, por el otro lado, aquello del dinero recibido por las publicaciones que, sin duda, ocuparía un apartado completo; esto es, la poca importancia que Bandini daba a lo recibido por sus cuentos: 10 dólares, 100 dólares o nada. Lo siempre relevante, lo recurrente, es poder demostrar que él sí tiene algo notable para decir.

Sobrará decir que, en esto, entre Bandini y el mismo Fante no existen distancias. Con mucha razón se ha creído en el exagerado conjunto de coincidencias que hacen ver al primero como alter ego de su creador. El Fante que tiene que vender su talento al negocio hollywoodense para poder sobrevivir; el Bandini que debe escribir una carta a su madre para poder comer; el Fante que enviaba infructuosamente relatos a la The American Mercury; el Bandini que cruzaba los dedos cuando alguien se acercaba con alguna carta al buzón de correos.

Arturo Bandini, el amante

Esta parte emocional de la personalidad y la vida de Bandini es mucho más compleja que la intelectual. El autor conoce en el Columbia Buffet, un café mugriento a donde fue a parar algún día, a Camila López, una mexicana que lo impacta con la potencia de su carácter. Miradas, palabras, insultos, golpes, su relación estará marcada por un continuo ir venir entre la total indeferencia y la abnegación, entre un profundo afecto y los más viscerales deseos de muerte.

Camila está enamorada de Sammy, su compañero de trabajo, pero Bandini sólo lo sabrá después de mucho tiempo, cuando él mismo se sabe enamorado de ella. Pero como Sammy tampoco le corresponde, este aspecto de la novela, el del amor, se convierte en un espacio de desencuentros, de temores e impaciencias. Porque son, precisamente, estos elementos los que acompañan a Bandini, desde sus primeras visitas al café para espiarla, en sus paseos con ella por la playa, en su paso por la depresión y los hospitales mentales, hasta allá en el sur, cuando…

Y, por supuesto, está también aquello del preámbulo y el marco que siempre acompaña la relación entre Camila y Bandini. La falta de experiencia que tiene el autor respecto de las cosas del sexo y que, incluso, hacen pensar a ella en la posibilidad de haberse topado con un maricón. Aquello de ir en busca de alguna prostituta, para acabar pagándole quién sabe cuánto más de lo normal, sólo por cruzar algunas palabras o tomar el champagne. Aquello de ir hasta Long Beach para iniciarse con una desesperada de nombre Vera, y luego arrepentirse y sentirse sucio. Pero siempre, más allá de todo, la convicción del amor que existe, así sea imposible:

"Toda la noche nos la pasamos llorando y bebiendo, y pude decirte borracho las cosas que me bullían del corazón, palabras impresionantes, símiles ingeniosos, porque llorabas por otro tipo y no oías nada de lo que te decía, pero yo me oía a mí mismo, y Arturo Bandini estuvo genial aquella noche, porque hablaba con su amor de verdad, que no eras tú ni Vera Rivken tampoco, sino sólo su amor de verdad” (Pág. 163)

Arturo Bandini, el espiritual

Bandini es católico. No es un creyente acérrimo, pero al menos va a misa la mayoría de los domingos y, aunque esto es sólo por ver a las mexicanas, es mejor que no hacerlo en absoluto. Y sin embargo, los sentimientos de culpa, la búsqueda de redimir los errores son una constante en la historia. A eso de la mitad de la misma, está nuestro autor en Long Beach después de cometer un sacrilegio en la casa de Vera Rivken y de pronto sucede que la tierra empieza a temblar, y los suelos se abren, y las camas empiezan a salirse por las ventanas, y Bandini cree que todo aquello es sua culpa, y se da golpes de pecho porque sin duda es una carga difícil de sobrellevar.

Tenemos al Bandini que cree que es pecado robarse una botella de leche aunque el hambre apremie, al Bandini que atraviesa la ciudad para encontrar alguna capilla íntima, al que reza con fervor para que dios no descuide las cosas en casa y mamá no muera. Y, he aquí que ese Bandini también lucha contra su otra cara, contra su rostro ateo, que le permite escabullirse por las calles y rondar prostitutas y fumar yerba, y sentirse desdichado. Al Bandini que cree haberse ido de espaldas a la luz:

“Tenemos el mar por un lado, a Arturo Bandini por el otro, el mar es auténtico y Arturo cree que es auténtico. Pero si me pongo de espaldas al mar, sólo veo tierra; camino sin parar y el horizonte de la tierra se dilata hasta el infinito. Un año, cinco años, diez años, y sigo sin ver el mar. Y me digo: pero ¿qué le ha ocurrido al mar? Y me respondo: el mar está más allá, en la reserva de la memoria. El mar es un mito. Nunca ha existido el mar. Y sin embargo sí ha existido. Puedo afirmarlo porque nací a las orillas del mar. ¡Me he bañado en el agua del mar!” (Pág. 122)

___

Una novela apasionante, de lenguaje directo, en donde la lucha de la escritura es al mismo tiempo la lucha de sus protagonistas por la supervivencia, por escabullirse de la locura y la miseria cotidianas. Precursor de Bukowski y la beat-generation, Pregúntale al Polvo es la palabra de todos aquellos que la han perdido a causa de la exagerada propaganda a los “grandes acontecimientos”.

Los siete locos- Roberto Arlt

Los siete locos- Roberto Arlt

Los siete locos
calor, literatura y subversión

Luis Miguel Madrid

La primera parte del díptico que Arlt completará en 1931 con Los lanzallamas, relata como Remo Erdosain, un modesto estafador sin ánimo de lucro, se une a una sociedad secreta dirigida por El Astrólogo y en la que participan El Rufián Melancólico y El hombre que vio a la Partera, entre otros, la cual pretende promover una revolución científica, sangrienta y definitiva financiada por una cadena de burdeles y rodeada de una importante red de instituciones ácratas —aunque basadas en la obediencia— planteando la creación, entre otras cosas, del misticismo industrial «Es tan bello ser jefe de un alto horno como hermoso antes descubrir un continente»
Roberto Arlt

Arlt parte de la premisa del caos sin sentido ni solución en el mundo actual, por lo que sus personajes viajan entre la ideología y el disparate a un horizonte donde es casi imposible de encontrar un sentido a la vida, amargamente caracterizada por el vacío de ideales y esperanza: «Yo lo acompaño de aburrido que estoy. Ya que la vida no tiene ningún sentido, es igual seguir cualquier corriente».

Cada uno de los personajes vive encerrado en su propia cárcel, adosados a la conciencia del fracaso pero con una expectativa de salvación que sólo puede llegar por medio de «un acontecimiento extraordinario», fruto de una idea genial o un golpe de fortuna. que los mismos personajes consideran remoto. Erdosain, consciente de ser «un inventor fracasado y un delincuente al margen de la cárcel», dispone de momentos de angustia y contradicciones intelectuales que pasan por el masoquismo, la aceptación de la locura de todos o la aceptación existencial de una vida sin sentido. Sus actos no le facilitan un especial sentimiento de culpabilidad ni tampoco de satisfacción. Por supuesto, en el universo de Arlt no proliferan los términos medios o la violencia y la dejadez extrema son sus hábitos. En uno de esos bordes, nos podemos encontrar con algún planteamiento similar a lo que años más tarde se llamó existencialismo, a través de la definición de Jean Paul Sartre: «Nacemos, vivimos, morimos, sin que por ello dejen las estrellas de moverse y las hormigas de trabajar».

También se corresponde a veces con una obra sociológica, donde hay lugar para tratar la crueldad del capitalismo, la inmoralidad sexual, la mentira y los abusos, pero sin tomar decididamente un partido, ya que el individualismo y la ironía suelen doblegar a lo social en los planteamientos arltianos: «Conocí a un hombre admirable —dice Erdosain— que está firmemente convencido de que la mentira es la base de la felicidad humana y me he decidido a secundarlo en todo».

Como sucede en toda la obra de Arlt, su posición ideológica no se clarifica y todos los estamentos sufrirán el desprecio de sus personajes, intercalando rabia y sarcasmo en situaciones imposibles de imaginar sino es a través de la parodia o el absurdo: «Ah, y a ver si puede averiguar qué diablo es el gas mostaza. Destruye cualquier substancia que no esté protegida por un impermeable empapado en aceite».

La solución que busca Arlt ante el descalabro social en el que se ve rodeado es por tanto, metafísica (sentimental o espiritual), a imagen quizás de los escritores españoles de la generación del 98 ante unas circunstancias en cierta forma parecidas. Sus personajes sufren un extraño desdoblamiento propio más bien del folletín que abarca desde la angustia metafísica a la refutación del sentimentalismo con dibujos cruelmente expresionistas.

Añade Arlt a esta mezcla inverosímil de elementos una fantasía lúcida en la que se intercala un juego irónico de múltiples interpretaciones.
:: Fuente:Centro Virtual Cervantes

El mundo de Bergman

El mundo de Bergman