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Carta de Neal Cassady a Jack Kerouac




(7 de marzo de 1947)

Estimado Jack:

Estoy sentado en un bar en Market street. Estoy borracho, bueno, no tanto, pero pronto lo estaré. Estoy aquí por dos motivos: debo esperar 5 horas para el ómnibus que me lleve a Denver, y finalmente, pero muchos más importante, estoy aquí(bebiendo) porque, por supuesto, porque una mujer ¡y qué mujer!. Para ser cronológico al respecto:

Estaba sentado en el ómnibus cuando paró para tomar más pasajeros en Indianápolis, Indiana -y una belleza perfectamente proporcionada, intelectual, apasionada, la personificación de la Venus de Milo, me preguntó si el sitio a mi lado estaba reservado!!!. Me atraganté, (estaba borracho) hice gárgaras y tartamudeé ¡NO! (paradojas de la expresión, después de todo, cómo uno puede tartamudear No!!?). Se sentó- Yo sudé- Ella empezó a hablar. Yo sabía que sería sobre generalidades, así que para ponerla a prueba, permanecí en silencio.

Ella (su nombre es Patricia) se subió al ómnibus a las 8 de la noche (¡Oscuro!) Yo no hablé hasta las 22 horas. En el intermedio de 2 horas yo no sólo, por supuesto, determiné que la haría mía, pero, CÓMO HACERLO.

Naturalmente, yo no puedo citar la conversación textualmente, no obstante, trataré de darte su substancia desde las 22 horas hasta las 2 de la noche.

Sin los más mínimos apuntes preliminares objetivos (¿cuál es tu nombre?, ¿hacia dónde vas?, etc.) me conecté en un conocimiento total, completamente subjetivo, personal y, por así decirlo, "penetrando su corazón"; para ser más breve (pues me estoy volviendo incapaz de escribir) para los dos de la mañana la tenía jurándome eterno amor, completamente sojuzgada a mí y para mi inmediata satisfacción. Anticipando aún más placer, no dejaría que ella me la chupase en el ómnibus, en vez de ello jugamos, tal como dicen, entre nosotros.

Sabiéndolo completamente mío este ser supremo perfecto (cuando estoy más coherente, te contaré su historia completa y la razón sicológica por la cual me amaba), no pude concebir ningún obstáculo para mi satisfacción, bien "los mejores planes del ratón y de los hombres acaban extraviados" y mi némesis fue su hermana, la bruja.

Pat me había dicho que su razón para ir a Saint Louis era ver a su hermana; había quedado en encontrarla en la terminal. Así que, para deshacerse de la hermana, miramos furtivamente alrededor de la terminal cuando llegamos a Saint Louis a las 4 de la madrugada para ver si ella (su hermana) estaba allí. Si no lo estaba, Pat tomaría su valija, se cambiaría de ropa en el toilette y ella y yo iríamos a un cuarto de hotel por una noche (¿años?) de perfecta bienaventuranza. La hermana no estaba a la vista, así que ella tomó su valija y se retiró al toilette a cambiarse -larga despedida-.

Este próximo párrafo debe, por necesidad, ser escrito de una forma completamente objetiva.
Edith (su hermana) y Patricia (mi amor) salimos de la casa del meo tomados de las manos (no describiré mis emociones). Parecía que Edit llegó a la terminal de ómnibus temprano y mientras esperaba a Patricia, sintiéndose dormida, se acostó en un sofá para dormir. Por ello Patricia y yo no la vimos.

Mis esfuerzos desesperados por liberar a Pat de Edith fracasaron, aún el terror y el sentimiento de esclavitud hacia ella rebelaban demasiado para establecer que ella debería ver a "alguien" y más tarde se encontraría con Edith, todo fracasó. Edith era inteligente; ella vio lo que estaba sucediendo entre Pat y yo.
Bien, para sumariar: Pat y yo estuvimos en la terminal (a la vista de su hermana) apretándonos el uno contra el otro, jurando no amar nunca más y luego yo tomé el ómnibus a Kansas City y Pat se fue a su casa, dócilmente, con su dominante hermana. Alas, alas.

En completo (trata de compartir mis sentimientos) abatimiento. Me senté, a medida que el ómnibus avanzaba hacia Kansas City. En Columbia,,, una joven (19) completamente pasiva (mi carne) virgen, subió al ómnibus y compartió mi asiento...En mi abatimiento por haber perdido a Pat, la perfecta, decidí sentarme en la amplia luz del día (detrás del conductor) en el ómnibus y seducirla, hablé desde las diez y media de la mañana hasta las dos y media de la tarde. Cuando estaba hecho, ella (confusa, su entera vida trastornada, metafísicamente asombrada por mí, apasionada en su inmadurez) llamó a sus amigos en Kansas City y fue conmigo a un parque (estaba oscureciendo) y me la senté a horcajadas sobre mí; cogí como nunca lo había hecho antes; todas mis emociones reprimidas encontraron su liberación en esta joven virgen (y realmente lo era) quien es, para el caso, ¡una maestra de escuela!

Voy a parar de escribir. Sí, para liberarme por un momento de mis emociones, debes leer partes de "Las Almas Muertas" (donde Gogol muestra su perspicacia) que son como tú.

Elaboraré más adelante (¿probablemente?), pero por el momento estoy borracho y feliz (después de todo, ya estoy libre de Patricia), debido a la joven virgen. No tengo nombre para ella. Al compás de las alegres notas del tema de Lester Young "Jumping at Mesners (que estoy escuchando) cierro hasta luego.

A mi hermano
¡Continúa!
N. L. Cassady

Nijisnsky- Diario

Nijisnsky- Diario

Vaslav Nijinsky, el «dios de la danza», nunca fue entendido por su esposa y madre de su hija, Romola Polski, que amó no a la persona sino a la celebridad. El coreógrafo era emocionalmente voluble, silencioso, excéntrico y narcisista. Padeció venganzas de amantes despechados, como Diaghilev, y como Garland y sus mentores usaron su cuerpo y su arte.

En 1945 escapó del hospital y encontró a soldados rusos que lo reconocieron y abrazaron. Comió y cantó con ellos en su lengua materna. Renació a los cincuenta y seis años. Murió de un fallo renal.


La enfermedad mental se presentó cuatro años después del estreno en París de «La consagración de la primavera», de Stravinski, que fue silbada. Cuando la paranoia fue creciendo, Nijinsky deseó regresar a Rusia. Su mujer se lo negó, pero a cambio le llevó a los más célebres psiquiatras -Adler, Jung- y a sanatorios caros. Buscaban la raíz del mal, pero el artista escribía su sentir: «Soy un hombre normal. Soy un bailarín, me entenderás cuando me veas bailar».  Vidas ebrias de locura - MADRID. ABC.



El diario de Vaslav Nijinsky


En 1917 su salud mental comienza a deteriorarse. Bailó por última vez en público el 19 de enero de 1919 en el hotel Saint Moritz, en Suiza. Antes de sumergirse de lleno en el universo de la locura escribió cuarto cuadernos que contienen su diario íntimo.  Los textos fueron publicados en 1936 con el título "Diarios de Nijinsky"


Fragmentos del Diario:

"Yo quiero que fotografíen mis escritos para explicar mis escritos, porque mi escritura es la de Dios" en vez de imprimirlos, "porque la impresión destruye la escritura. La escritura es algo bello, es por eso que es necesario fijarla".


"no me gusta la técnica insensible, yo conozco a los literatos, yo los entiendo, ellos quieren examinar mi cerebro, pero yo quiero examinar sus mentes, no soy un fakir ni un mago, soy dios en un cuerpo, la gente dirá que lo que escribo es estúpido, pero en realidad, todo lo estúpido tiene un significado profundo, impenetrable si no hablo, si no grito estúpidamente nadie me entenderá, el estilo, esa es pura invención francesa, yo bailé duro sobre estas ásperas maderas, hasta sacarme sangre de las plantas de los pies, hasta alcanzar las cumbres de la locura, en cambio, Mallarmé alcoholizado apenas pudo capturar mi danza en algunos garabatos de insulsa poesía, me contento con que el árbol me entienda, yo quiero amar a todos y por eso soy como dios, no me atrae el arte sin moral, Stravinsky es un hombre seco, sin histeria creadora, por eso me odia, me tiene envidia, porque yo he alcanzado la moral y la belleza, sé que todos han olvidado a dios, todos piensan que es una mentira, los científicos dicen que no hay dios, pero yo les digo que hay un dios, yo lo siento como las madres, ellas me entienden mejor porque ellas huelen la cercanía de la escuela, dando a luz a sus hijos, yo soy un hombre en dios, hablo con las palabras de dios, ¿qué estas haciendo con tu obra? Tú siempre cambias de estilo, no me gusta parecer siempre el mismo, yo soy una hoja de dios, yo amaba a dios, pero no me gustaba rezar, leí el idiota a los dieciocho y entendí su significado, me masturbaba duramente, hasta arrancarme sangre del glanden, cuando leí el idiota sentí que el idiota no era un idiota, sino un buen hombre, como tú lo eres, a los dieciocho no pude entender su significado porque era muy joven, solo un poco idiota, yo no sabía nada de la teoría, ahora entiendo el idiota porque yo mismo soy tomado por un idiota, no estoy loco y el idiota no es un idiota, yo sé que los niños que comen carne se masturban, por eso prefiero el cartón, hombres y mujeres separados o juntos se masturban también, esto desarrolla la idiotez, pienso que la fuerza de la vida no proviene del alimento sino de la mente, la gente ignorante piensa que uno no puede ser alimentado por la mente o la buena literatura, uno puede, en serio, la mente reemplaza el alimento, es como la caca, pero inodora, incolora, insípida, el agua, eso es, yo como sólo lo que la verdad me ordena comer, la teoría de la danza, yo llamaré la primera parte de este libro vida y luego me titularé conocimiento, los críticos siempre piensan que son más inteligentes que los artistas, los artistas tiemblan ante el crítico, esto es cierto, ellos sienten dolor y sufren, sus almas lloran, la gente piensa que los niños son necesarios para tener sujetos, ellos matan a los lectores y cubren la tierra con sus cenizas, yo soy ruso y por eso sé como es la tierra, la gente dice, ¿Por qué Nijinsky siempre habla de dios?, él se ha vuelto loco, él es un bailarín y nada más, el arte es independiente de la sociedad, aun así reclaman que sea educativo, ellos afirman que soy la danza pura, pero se equivocan, porque en la danza está dios, no sólo se trata de un simple entretenimiento, inofensivo, todo lo contrario, la danza ancestralmente ha sido tribal, peligrosa, los antiguos guerreros danzaban, devoraban la carne de sus niños, se embriagaban en su sangre núbil antes de empezar una lectura, los rechonchos críticos, en cambio, con sus trajes costosos, están allí sentados aplaudiendo, o soñolientos, lo han olvidado todo, por eso ....

soy el fauno redentor…

no me gusta dios cuando es malo, yo soy dios, Nijinsky es dios, los doctores no entienden mi enfermedad, mi cuerpo no está enfermo, mi alma lo está, sufro, sufro, soy sólo un hombre, no soy dios, yo sé que los socialistas me entenderían mejor, pero yo no soy socialista, yo soy parte de dios, soy del partido de dios, no quiero guerras ni fronteras, el libro existe y tiene un hogar en todos lados, yo vivo en todos lados, no quiero tener ninguna propiedad, no quiero ser rico, no soy un animal sediento de sangre, soy un hombre, dios está en mí, yo estoy en dios, lo deseo, lo busco, quiero que estos manuscritos sean publicados para que así todos puedan leerlos, soy un buscador, por eso siento a dios, dios me busca y así nosotros nos encontraremos" The diary of Vaslav Nijinsky. Ed. Romola Nijinsky. New York: Simon and Schuster, 1936.

Nijinsky nació en 1888, en Kiev, de familia muy pobre, sus dotes naturales para el baile le permitieron acceder a los grupos más sofisticados de la sociedad de su época, y llegó a revolucionar el ballet clásico.

Su vida transcurre con problemas emocionales, obsesionado por su belleza física sufría al ver que la enfermedad se la iba quitando, firmaba D. Nijinsky (lo de D por dios) murió en Londres en 1950 aferrado a sus diarios que quería publicarlos en Zurich y que después los dieron a conocer su esposa e hijas.

"Yo no tengo miedo. Sentí temor a la muerte en el principio. Nadie quería matarme. Caminaba y caí en un precipicio y un árbol me retuvo. No sabía que había un árbol en el camino. Era niño y mi padre quiso enseñarme a nadar. Me tiró al agua, donde la gente se bañaba. Caí y me deslicé hasta el fondo. No sabía nadar, pero sentí que el aire me faltaba, entonces cerré la boca. Tenía poco aire, pero lo guardaba pensando que si Dios así lo quería, me salvaría. Caminé derecho, no sabía hacia dónde. Caminé y caminé y, súbitamente, sentí una claridad, bajo el agua. Comprendí que haría pie y caminé más rápido. Llegué a una pared. La pared era derecha. No veía el cielo. Veía el agua debajo de mí. Súbitamente sentí fuerza física y salté. Cuando salté, advertí una cuerda. Me aferre a la cuerda y me salvé. Digo todo lo que me ocurrió pueden preguntarle a mi madre, si no se olvidó de esta historia que ocurrió en un baño de hombres en Neva, en Petersburgo. Veía a mi padre hacer volteretas y caer en el agua, pero tenía miedo. No me gustaban las volteretas. Tenía miedo. No era más que un niño de seis o siete años y no olvidé esa historia, por eso busco hacerle una muy buena impresión a mi pequeña, pues sé que un niño no olvida lo que le ocurrió."

Lidia Sokolova famosa bailarina que lo conoció dice al respecto: "Por su apariencia física, Nijinsky era él mismo un fauno; una criatura salvaje que había sido atrapada en la sociedad y que no se encontraba cómodo en ella. Cuando persona cualquiera se dirigía a él, volvía furtivamente la cabeza y parecía que de pronto podía llegar a pegarle un golpe en el estómago. Casi nunca hablaba con nadie y parecía vivir en un plano diferente".

Fragmentos Extraviados del Diario de Vaslav Nijinsky (1890-1950)

Por Luis Alberto Salvarezza

I

La vida fue pájaro y vuelo,
después sólo pico y garras.
Un juego amargo,
un temblor de carroña
arrojado a la insatisfacción del deseo.

II

Mi soledad se parece a los buitres
sólo en la muerte encuentra compañía.
Tiene pico corvo y plumaje negro.

III

Hoy asesiné los sentimientos de culpa,
me desprendí de la cabeza a los pies del pesado
ropaje,
y herí con mi afilada desnudez de navajas el aire.
Parpadearon los espejos
e hice la guerra con una adolescente pervertida
y fui rojo subido, el púrpura caído de la tarde.

IV

Rómola: tu llanto me hace pensar                   
que todavía creo en algo.
Por eso alguien adentro de mi silencio
me hace danzar en alaridos.
Me empantana como un camalote sobre tu piel
y aunque a la deriva soy celeste goce.
Un silencio vegetal para tu metálica indiferencia.

V

Mi elasticidad es un dolor que sueña curvaturas,
balanceo de cañas, juncos o mimbres,
lo que cae del viento: en volutas, huracanado,
girando...

VI

¿Soy Apis o el árbol de Tolstoi? (1)
¡No sé! Pero te amé rural como una hoja de álamo,
una y otra vez, amarilla, abiertamente.
Tú eras la momia, yo el centro, la corola,
el espectro de la rosa.
Ellos: las espinas de la condena.

VII

Muchas veces fui fiera enjaulada.
El día que pueda escapar en el escapar, lo presiento,
aullará la muerte.

VIII

Ambos fuimos un silencio de a pedazos,
danza, soplo de luz, relámpago,
cortejo, picotazo, embriaguez,
sostenido desmayo, orgasmo.
Un zarpazo de sombra
donde la luz inscribe su vacío.

IX

Agoniza la primavera
en la mudez de las piedras,
abrillantadas de polen ajeno.

X

Por eso y por vos Rómola,
pronto estaré junto a los que no están:
la patria de todos.
Estaré junto a él, de rodillas, apasionadamente.
           
XI

El exceso de sensibilidad me hizo levitar.
Me hizo ángel, colibrí, mariposa, arrojada flor, rosa.
Y la embriaguez de los aplausos me deshojó,
me desaló, me desplumó.

La siesta del fauno fue chorro solar
Sobre el velo de la ninfa, fue semen.
(París era como yo: un «milagro»; lo dijo Proust).
Después del después de la locura
terminé extraviándome. Aunque sé:
«Que Dios me busca, y por lo tanto vamos a terminar
encontrándonos» (2).
¿Lo estoy esperando o es él el que aún me hace danzar
mientras el aire se hace caricia...?


¿qué revelan las páginas secretas del diario? «El lío de su mujer, Romola, con el doctor que estaba tratando al bailarín. El se da cuenta y escribe que los dos le quieren encerrar en una prisión». Pero las partes realmente escabrosas son otras: aquellas en las que se habla de la masturbación, una verdadera obsesión para Nijinsky. «Escribe que en el manicomio lo encuentran masturbándose varias veces al día y escribe también que enseñó a masturbarse a su perro. También Gogol era un gran masturbador. Escribe que prefería hacer el amor con las putas que con su mujer». Todas las perversiones de un gran artista que bailaba sobre el filo del precipicio, en medio de un incandescente delirio.

«El que lea estas páginas, quedará asombrado», escribía el bailarín. Y no es para menos. En el diario, salvado afortunadamente en el baúl de la mujer en 1934, aparecen toda una serie de cosas: el monólogo de las alucinaciones religiosas de Nijinsky, que piensa que es Dios; Diaghilev, un hombre corrupto que utiliza sexualmente a los niños. De él escribe: «Le odio desde el primer día que le ví. Se me impuso cuando tenía 18 años, aprovechándose de mi pubertad y pronto le permití hacer el amor conmigo. Le temía profundamente, intentaba disimular el odio que me inspiraba sabiendo que si me portaba de otra forma, mi madre y yo nos moriríamos de hambre».

Poco antes de morir, Romola mostró a Maurice Bejart la versión íntegra del diario. El célebre coreógrafo creó en el 71 y en el 90 dos espectáculos inspirados en el diario de Nijinsky. Hace cuatro años, todo giraba en torno a las relaciones entre el empresario Diaghilev, representado como un grotesco maniquí, y su víctima Nijinsky. En el centro de la escena, Diaghilev, que perseguió al bailarín, cuando le traicionó, casándose con Romola, la bailarina inglesa. ¿Y las partes censuradas? «Bejart juró a Romola que no revelaría a nadie los secretos», dice Mitrovitsa. Para el actor, ahora se clarifica el camino lógico de la locura. ¿Por qué escogió la forma del monólogo? «Era demasiado obvia la metáfora de las relaciones con Diaghilev y con su mujer a través de la figura de los enfermeros y de los médicos. He querido hacer bailar su alma con las palabras».




Sindromes extraños , pero reales

Psicosis por Wendigo

Se daba entre las tribus de Canadá y Alaska. Consiste en una perdida de apetito que desencadena en vómitos y nauseas. También podían desencadenar en alucinaciones e insomnio. El afectado temía ser poseido por el Wendigo. Este miedo provocaba que se convirtiera en canibal, por lo que pedía a su tribu ser asesinado.

Este síndrome del siglo XIX tiene su parte de leyenda ya que en ninguna ocasión hay ningún testimonio del supuesto Wendigo, sino solo de los supervivientes que pudieron inventar la historia para justificar el asesinato del miembro que entorpecía la tribu.

Síndrome de la cabeza explosiva

Quien lo padece escucha en ocasiones el sonido de una explosión dentro de su cabeza, sin embargo, no siente dolor alguno. La frecuencia de los ataques pueden variar con el tiempo, pero cuando se producen ocasionan miedo, ansiedad y aumento del ritmo cardíaco.

Síndrome de Fregoli

Quienes lo padecen identifican a las personas erróneamente. Por ejemplo, si ve al médico puede creer que es su hermano. En este trastorno, el enfermo confunde a los extraños con familiares o seres queridos. Es el caso inverso al síndrome de Capgras, en el que el enfermo cree que han reemplazado a sus familiares, siendo incapaz de reconocerlos. Estos síndromes se agrupan con el nombre de "síndrome de falsa identificación delirante". Dentro de este grupo también está el síndrome de los dobles subjetivos, en el que el afectado piensa que hay un doble suyo que actúa de manera independiente.

Volviendo al síndrome de Fregoli, el nombre se debe a Leopoldo Fregoli. Este actor italiano era conocido porque en sus actuaciones realizaba varios papeles, cambiándose rápidamente para interpretar a uno o a otro.
Kachigani

Como sugiere el nombre, se da entre los japoneses. O mejor dicho, se dio. Durante la Segunda Guerra Mundial, muchos japoneses se quedaron aislados en diferentes puntos del mundo.

Un caso famoso es el de Hiroo Onoda. Este japonés que combatió en la Segunda Guerra Mundial, siendo llevado a la isla filipina de Lubang. A pesar de que los aliados tomaron la isla, Onoda y tres de sus compañeros pudieron sobrevivir, quedando como única resistencia. Estos se refugieron en la selva durante años. Incluso después de acabar la guerra. Sin embargo, ellos creían que el conflicto no había terminado y no había manera de convencerlos debido a que consideraban a todos como enemigos. Uno de ellos se rindió, y otros dos murieron, dejando a Onoda solo. No fue hasta que fue su superior cuando por fin aceptó salir de aquel bosque.

La tumba de las narices

Japón posee un pasado, si bien muy romántico con su extremadamente rica cultura, honorables guerreros samurai, impresionantes jardines de ensueño y templos de madera que alcanzaban el cielo, bastante expansiona y agresivo contra sus vecinos. Es por esta razón que en el este asiático muchos países ven a Japón como un estado históricamente agresor. Esto no se remonta solamente a los crímenes de guerra cometidos contra la población civil china durante la Segunda Guerra Mundial en Manchuria, sino que se cementa tras una prácticamente incontable lista de agresiones a lo largo de los siglos.

De este pasado violento son quizás las “tumbas de narices” o “tumbas de orejas” los más tristes recordatorios. Las mismas son tumbas para los enemigos del Japón en suelo japonés cuya función era la de servir como trofeos de guerra. Y su nombre, muy descriptivo por cierto, viene del hecho de que en las mismas se depositaban las orejas y narices mutiladas de los soldados, y en muchas oportunidades civiles, enemigos.

De todas estas, la más increíble es la hallada en Kyoto, Mimizuka, referida informalmente como la colina de las cuarenta mil narices, y en la cual se depositaron entre 38000 a 40000 orejas y narices de soldados coreanos y chinos traídas como trofeo tras las cruentas invasiones japonesas a suelo coreano en el siglo XVI. Invasiones que tuvieron lugar cuando un Japón unificado y bajo el mando de un regente ambicioso por poder, Toyotomi Hideyoshi, arrasara gran parte de Corea con la intención de hacerse con territorios de Corea, China e incluso la India. La contienda duró siete años, y éstos fueron suficientes para que solamente entre los bandos defensores, principalmente coreanos y chinos, murieran más de un millón de soldados y civiles. Japón ’sólo’ perdió unos ciento-cuarenta mil hombres tras lo que decidió abandonar la causa.

Mimizuka


Increíblemente se calcula que éstas 38000 piezas humanas depositadas como trofeo en Mimizuka eran sólo una pequeñísima fracción del total de partes humanas traídas tras la invasión, ya que la gran mayoría de los ‘trofeos’ debieron de ser descartados durante el viaje a causa de la putrefacción de los mismos, sobreviviendo solamente los que pudieron ser almacenados en barriles de salmuera.

 

 

Los excéntricos hermanos Collyer

Los hermanos Collyer, la obsesión que los llevó a la muerte


Conocidos por albergar 103 toneladas de basura, entre la que se incluían miles de periódicos, coches de bebé, comida caducada, arañas de cristal, peladores de patatas, una colección de pistolas, bolas de bolos, órganos humanos, diversos instrumentos (incluidos 14 pianos y un clavicordio), banderas e incluso una máquina de rayos X, entre otras cosas.

Ellos son los hermanos Collyer, Homer y Langley, dos neoyorquinos de familia acomodada nacidos a finales del siglo XIX y que se toparon con la muerte a mitad del XX.

La historia comienza a principios del siglo XX. Mientras se sucedía la Primera Guerra Mundial, el barrio de Harlem se hizo más conflictivo provocando la huida de las familias acomodadas y empobreciendo la zona. Ante el peligro, los Collyer decidieron recluirse. Reclusión que se hizo más extrema cuando murió su madre. Entre los vecinos surgieron rumores de que escondían una gran fortuna en la casa, lo que propició las visitas nocturnas de los ladrones. Para ello Homer, que era ingeniero aunque se definía como inventor, colocó trampas para evitar estas entradas indeseadas.


Esta situación se repitió durante años hasta que dejaron de dar señales de vida. Fue el 21 de marzo de 1947 cuando la policía decidió entrar en su casa, sin embargo, la puerta estaba bloqueada. Despues los bomberos probaron a entrar por la ventana corriendo la misma suerte. Finalmente, se hizo un agujero en la azotea del edificio y se descubrió como los cuatro pisos de la vivienda estaban llenos de basura. Tras seis horas de búsqueda encontraron el cadáver de Homer que estaba sentado en una silla.

Hasta ese momento nadie sabía el paradero de su hermano Langley. Incluso había rumores que decían que lo habían visto pasear por Atlantic City. Estos rumores desaparecieron cuando el 8 de abril se encontró su cadáver roído por las ratas a pocos metros de su hermano. Al parecer activó una de las trampas anti-ladrones provocando que una pila de libros y periódicos se le cayera encima. Antes de morir, Langley cuidaba a su hermano que se había quedado ciego. Tenía la esperanza de que recuperara la vista, por eso le daba 100 naranjas a la semana, lo que consideraba un método infalible. Además, guardaba los todos los periódicos de las últimas tres décadas para que su hermano los leyera cuando pudiera ver. Homer, como no podía valerse por si mismo, murió de inanición tiempo después.

Entre los objetos que guardaban había:
  • 191.625 periodicos
  • 14 pianos (2 grandes y en posición vertical)
  • Un clavicordios
  • Banjo
  • Violines
  • Cornetas
  • Acordeones
  • Una máquina de rayos X
  • Arañas de cristal
  • Peladores de patatas
  • Comida caducada
  • Banderas (6 estadounidenses y una británica)
  • Retratos pintados
  • Coches de bebés
  • Paragüas
  • Bolas de bolos
  • Rastrillos
  • Tres maniquis
  • Estufa de queroseno
  • 250.000 libros (incluidos miles de libros de medicina, ingeniería y unos 2.500 de leyes)
  • Resortes de camas oxidados
  • Un tablero
  • Tapices
  • Relojes
  • Tejidos
  • Un gramófono
  • Órganos humanos en frascos
  • Material quirúrgico
  • Ocho gatos vivos
  • Cuerdas
  • El arcón de la señora Collyer
  • Bicicletas oxidadas
  • Esqueletos de caballos y vacas
  • Animales en jarrones de cloroformo
  • Armas (ametralladoras, balas de tanque y lanzagranadas)
  • Una silla para niños
  • Un caballete de aserrar
  • Un chasis retocado por Langley
Nacidos en una acomodada familia del Harlem a finales del siglo 19, cuando este barrio aun era exclusivo, fueron a la universidad y se graduaron con altos honores convirtiéndose Homer en un ingeniero, aunque el prefería ser inventor y pasaba todo su tiempo libre construyendo raros aparatos, y Langley en un abogado. No obstante, tras el paso de la Primer Guerra Mundial y la urbanización de New York, el Harlem se fue empobreciendo y los crímenes y delitos comenzaron a subir a medida que las familias acomodadas comenzaban a abandonarlo. Tras la muerte de su madre ambos hermanos quedaron desolados y decidieron no abandonar su casa familiar bajo ningún motivo.

Prontamente su temor a los cambios sociales en la zona los llevó a volverse extremadamente reclusivos, al punto de construir todo tipo de trampas y aparatos en el edificio. Al no pagar los impuestos quedaron desprovistos de luz, gas y agua. Sin embargo, rápidamente improvisaron un motor de auto conectado a varias baterías para proveerse de energía y realizaron un profundo túnel para obtener gas y agua de las tuberías del edificio. Por las noches Langley salía a recolectar todo tipo de cosas de la calle y a buscar comida. Cuando su hermano Homer comenzó a perder la visión, Langley, decidió que éste se curaría gracias a ingerir 100 naranjas a la semana y, previniendo el momento en que recuperara su visión, comenzó a juntar una cantidad monumental de periódicos para que se pusiera al día con las noticias llegado el día.
Tanto encierro llevó a que los vecinos creyeran que éstos vivían cuidando una gran fortuna, razón por las que varias veces intentaron invadir su departamento a la fuerza solo para encontrarse con un sin fin de trampas y bizarros mecanismos anti-invasores construidos por Homer.

El desenlace
Tras no tener noticias de los ancianos por varios días la policía decidió entrar a su domicilio el 8 de Abril de 1947. Para su asombro encontraron a Homer muerto en el piso. Sin embargo no había señales de Langley. Incrédulos de sus ojos llamaron a sanidad pública para sacar la basura. Entre los ítems dispersos encontraron, entre otras cosas, desde una máquina de rayos-x, varios pianos, un gigantesco órgano de iglesia, esqueletos de caballos y vacas, órganos humanos y animales conservados en jarrones de cloroformo, cientos de miles de libros y periódicos, cientos de litros de kerosén y, material quirúrgico, partes de autos, cientos de herramientas y material eléctrico y, ante la mirada atónita de los removedores, un arsenal de armas que iba desde ametralladoras de alto calibre, balas de tanque y hasta lanza granadas “suficiente armamento como para iniciar una pequeña guerra” según las palabras del comisionado de policía. Al cabo de 4 semanas de remoción de basura el cadáver de Langley fue encontrado enterrado en una pila de periódicos. Tras la investigación se descubrió que este, sin querer, había accionado una de las trampas siendo aprisionado por miles de periódicos y libros. Su hermano, ya ciego y casi paralizado, se hambreó hasta la muerte.

Si bien nunca se supo de donde obtuvieron los órganos humanos que coleccionaban la cantidad de material quirúrgico en su departamento trajo macabras sospechas a la policía. Al día de hoy continua siendo un misterio.

 

 Los excéntricos hermanos Collyer

Album fotográfico de Frank Kafka

Album fotográfico de Frank Kafka

Leonard Cohen- Aleluya

Leonard Cohen- Aleluya

He oído que existe un acorde secreto
que David solía tocar, y que agradaba
al Señor.
Pero tú realmente no le das mucha
importancia a la música, ¿verdad?
Era algo así como la cuarta, la quinta
cae la menor y sube la mayor.
El rey, confundido, componiendo un aleluya.

Aleluya…

Tu fé era fuerte, pero necesitabas una prueba.
La viste bañarse en el tejado.
Su belleja, y el brillo de la luna, te superaron.
Te ató a la silla de su cocina.
Rompió tu trono, y cortó tu pelo.
Y de tus labios arrancó un aleluya.

Aleluya…

Dices que tomé su nombre en vano.
No conozco siquiera su nombre.
Pero si lo hice, bueno, realmente, ¿qué significa para tí?
Hay un resplandor de luz
en cada palabra.
No importa la que hayas oído.
La sagrada o la rota. Aleluya.

Aleluya…

Hice lo mejor posible, no fue mucho.
No podía sentir, así que intenté tocar.
Dije la verdad, no te tomé el pelo.
Y aún así
todo salió mal.
Permaneceré ante la oración del Señor,
sin nada en mi lengua más que el aleluya.

Aleluya…

UNA TEMPORADA EN EL INFIERNO - RIMBAUD

UNA TEMPORADA EN EL INFIERNO - RIMBAUD

De mis ancestros conservo los ojos celestes, el cerebro estrecho y la imprudencia de la lucha. Me visto tan bárbaramente como ellos. Pero yo no engraso mi cabellera.

Los Galos eran los desolladores de animales, los desbrozadores más ineptos de su tiempo.

De ellos tengo: la idolatría y el amor por el sacrilegio; - ¡ah! Todos los vicios, cólera, lujuria -magnífica la lujuria-; sobre todo, mentira y pereza.

Me horrorizan todos los oficios. Patrones y obreros, todos campesinos e innobles. La mano con pluma vale la que la mano con arado. - ¡Qué siglo de manos! - Yo nunca tendré mi mano. Después, la domesticidad trae muchos problemas. La honestidad de la mendicidad me acongoja. Los criminales hieden como los castrados: yo estoy intacto y no me importa.

Pero, ¿quién me ha dado esta lengua tan pérfida que es guía y salvaguarda hasta aquí de mi pereza? Sin servirme para vivir de mi cuerpo, y más ocioso que un sapo, he estado en todas partes. Ni una familia europea ha dejado de conocerme. Se entiende que hablo de familias como la mía, que parecen extraídas de la Declaración de los Derechos del Hombre. - ¡He conocido personalmente a todos los hijos de buenas familias!

Si tan sólo tuviera antecedentes en un punto cualquiera de la historia de Francia!

Pero no, en ninguno.

Es muy evidente que siempre he pertenecido a una raza inferior. No puedo comprender la rebelión. Mi raza sólo se sublevó para cometer pillerías: como los lobos con la bestia que todavía no han terminado de matar.

Recuerdo ahora la historia de Francia, hija primera de la Iglesia. Yo, que entonces era un villano, habría realizado el viaje a tierra santa; conservo todavía la faz de varias rutas de las llanuras suaves, los paisajes de Bizancio, los murallones de Solima; el culto a María, la ternura por el crucificado reviven en mí entre miles de ritos profanos. - Me figuro a mí mismo sentado, leproso, sobre las vasijas quebradas y las ortigas, al pie de un muro carcomido por el sol. - Más tarde, siendo reitre (caballero alemán del siglo XVI), dando vivaques bajo las noches de Alemania.

¡Ah! Y todavía más, bailando en el Aquelarre con una calavera roja con las viejas y los niños.

No puedo recordar más que esta tierra y el cristianismo. Jamás me aburriría de imaginarme en ese pasado. Pero siempre solo, sin familia; ¿qué lengua hablaba entonces? Jamás me veo en los consejos de Cristo, ni en los consejos de los Señores -representantes de Cristo.

¿Quién era yo en el siglo anterior?: Sólo me reconozco en el presente. No más vagabundos, no más guerras vagas. La raza inferior ha invadido todo, - el pueblo, como le dicen la razón, la nación y la ciencia.

¡Oh! ¡La ciencia! Todo en recuperación. Para el cuerpo y para el alma, --el viático, la medicina y la filosofía-. Los remedios de las matronas y los cantos populares arreglados. ¡Y los entretenimientos de los príncipes y los juegos que prohibían! ¡Geografía, cosmografía, mecánica, química!

La ciencia, ¡la nueva nobleza! El progreso. ¡El mundo marcha! ¿Por qué no giraría?

Es el paisaje de los números. Nos dirigimos hacia el Espíritu. Es muy cierto, es un oráculo quien lo dijo. Comprendo, y al no saber cómo explicarme sin usar palabras paganas, quisiera callar.

¡Revive la sangre pagana! El Espíritu está próximo: ¿por qué Cristo no me ayuda entonces, dándole a mi alma nobleza y libertad? ¡Ay! Ha pasado el Evangelio! ¡EI Evangelio! El Evangelio.

Atiendo a Dios con gula. Soy de una raza inferior desde toda la eternidad.

Aquí estoy, sobre la playa armoricana (Gentilicio de América, antiguo nombre de la galia). Que las urbes se iluminen antes de la noche. Mi jornada está completa; abandono Europa.

La brisa marina incendiará mis pulmones; los climas distantes me curtirán. Nadar, desbrozar la hierba, cazar, y fumar, sobre todo; beber de los licores fuertes como el metal hirviente, -como lo hacían aquellos queridos ancestros alrededor del fuego.

Volveré con miembros de hierro, la piel ensombrecida y los ojos enfurecidos: por mi máscara me juzgarán de una raza fuerte. Tendré oro: seré ocioso y brutal. Las mujeres sueñan con esos feroces inválidos que vienen de los países cálidos. Estaré inmerso en asuntos políticos. Salvado.

Mientras tanto estoy maldito, y me horroriza la patria. Lo mejor es tirarse a dormir totalmente ebrio en la playa.

Todavía aquí. - Retomemos entonces la marcha por estos rumbos, cargado con mi vicio, el vicio que ha echado raíces de pesadumbre a mi costado desde la edad de la razón, - que se alza hacia el cielo, me golpea, me derrite, me empuja.

La última inocencia y la última timidez. Está dicho. No llevar al mundo mis odios ni mis traiciones.

¡Adelante! La marcha, el fardo, el desierto, el hartazgo y la cólera.

.¿Ante quién debo postranne? ¿Qué animal debo adorar? ¿Qué imagen santa atacar? ¿Qué corazones deberé partir? ¿Qué mentira debo decir? ¿Sobre qué sangre marchar?

Mejor, cuidarse de la justicia. - La vida dura, el simple embrutecimiento, - levantar, con el puño endurecido la tapa del féretro, sentarse, ahogarse. Así, lejos de la vejez y de los peligros: el terror no es francés.

- ¡Ah! Estoy tan desamparado que ofrezco a cualquier imagen divina mis anhelos de perfección.

¡Mi abnegación, mi caridad maravillosa! ¡Aquí abajo, sin embargo!

De profundis Domine (Señor de las profundidades), ¡soy una bestia!

Desde muy pequeño yo admiraba al preso intratable para quien se cierran siempre las puertas de la prisión; visitaba las posadas y los albergues que podría haber hecho sagrados con su estadía; veía con su idea el cielo azul y el trabajo florido de la campiña; intuía su fatalidad en las urbes. Tenía más fuerza que un santo, mejor buen sentido que un viajero - y él, ¡él solamente!, era testigo de su gloria y su razón.

Por las rutas, en las noches de invierno, sin reparo, sin túnica, sin pan, una voz atormentaba mi corazón helado: Debilidad o fuerza: estando aquí, fuerza. No sabes adónde te diriges ni por qué, de modo que entras en todos lados, respondes a todo. Nadie puede matarte porque eres un cadáver. A la mañana tenía los ojos tan distantes y un aspecto tan de difunto que aquellos a quienes encontré tal vez no me vieron.

En las urbes, el barro me parecía súbitamente rojo y negro, como un espejo cuando la lámpara gira en la recámara vecina, ¡como un tesoro en el bosque! Buena suerte, exclamaba mientras veía un mar de llamas y de humo en el cielo; y, a la izquierda y a la derecha, todas las riquezas flameaban como un millar de truenos.

Pero la orgía y la compañía de las mujeres me estaban prohibidas. Ni un solo compañero. Me veía ante una muchedumbre exaltada, frente a un pelotón de fusilamiento, llorando la desgracia de que no hayan comprendido, y ¡perdonando! - ¡Como Juana de Arco!- Prelados, profesores, patrones: se equivocan entregándome a la justicia. Jamás fui de este pueblo; jamás fui cristiano; soy de la raza que cantaba en el suplicio; no entiendo las leyes; no tengo sentido moral; soy un bruto, ustedes están equivocados ...

Sí, mis ojos están cerrados a la luz de ustedes. Soy un animal, un negro. Pero todavía pueden salvarme. Ustedes son falsos negros, ustedes, maníacos, feroces, avaros. Mercader: eres negro; magistrado: eres negro; general: eres negro; emperador, vieja picazón: eres negro; has bebido un licor de contrabando, de la fábrica de Satán. El pueblo está inspirado por la fiebre y el cáncer. Los inválidos y los ancianos son tan respetables que exigen ser hervidos. - Lo más inteligente es abandonar este continente donde la locura está acechante para proveer de cautivos a esos miserables. Entro en el verdadero reino de los niños de Cam.

¿Todavía conozco la naturaleza? ¿Me conozco? -Basta de palabras. Sepulto a los muertos en mi vientre. ¡Gritos, tambores, danza, danza, danza, danza! No veo llegar la hora en que desembarquen los blancos, para hundirme finalmente en la nada. ¡Hambre, sed, gritos, danza, danza, danza, danza!

Los blancos desembarcan. iEI cañón!: Hay que padecer el bautismo, vestirse, trabajar.

He recibido en el corazón el golpe de la gracia. ¡Ah, no lo había previsto!

Pero no me he dedicado a hacer el mal. Los días serán llevaderos, no me arrepentiré. No habré sufrido los tormentos del alma difunta para el bien, en la que sube la luz severa otra vez como los cirios funerarios. La suerte de los hijos de familia: féretro prematuro cubierto de lágrimas límpidas. Sin duda, la desmesura es estúpida, el vicio es estúpido; debemos descartar lo podrido. ¡Pero el reloj no habrá llegado únicamente para dar la hora del dolor puro! ¡Seré levantado como un niño, para ir a jugar al paraíso olvidando toda desgracia!

¡Rápido! ¿existen otras vidas? - El sueño en la riqueza es imposible. La riqueza siempre fue un bien público. El amor divino únicamente otorga las claves de la ciencia. Veo que la naturaleza es sólo un espectáculo de bondad. Adiós quimeras, ideales, errores.

El canto razonable de los ángeles se eleva desde la nave salvadora: es el amor divino. - ¡Dos amores! Puedo morir de amor terrestre, morir de devoción. ¡He abandonado almas cuya pena se acrecentará con mi partida! Ustedes me escogen entre los náufragos; ¿los que restan no son mis amigos?

¡Sálvenlos!

La razón ha nacido en mí. El mundo es bueno. Beneficiaré la vida. Amaré a mis hermanos. No son más promesas de la infancia. Ni la esperanza de escapar a la vejez y a la muerte. Dios me da fuerza y yo alabo a Dios.

El hartazgo no es más mi amor. Las iras, las desmesuras, la locura, conozco todos sus impulsos y desastres, me he deshecho de todo ese fardo. Apreciemos sin vértigo la extensión de mi inocencia.

Ya nunca seré capaz de pedir el consuelo de una golpiza. No me creo embarcado en una boda con Jesucristo por suegro.

No soy prisionero de mi razón. He dicho: Dios. Deseo la libertad en la salvación: ¿cómo la perseguiré? Los gustos frívolos se me han quitado. No más necesidad de devoción ni amor divino. No me da nostalgia el siglo de los corazones sensibles. Cada uno con su razón, desdén y caridad: retengo mi puesto en esa escalera angelical del buen sentido.

Respecto de la dicha establecida, doméstica o no ..., no, en verdad no puedo. Soy muy etéreo, muy débil. La vida florece por el trabajo, vieja verdad: mi vida no tiene peso suficiente, echa vuelo y flota sobre la acción, ese querido punto de apoyo del mundo.

¡Qué solterona me estoy volviendo por carecer del valor de amar la muerte!

Si Dios me otorgase la calma celestial, del aire, la plegaria - como a los antiguos santos. - ¡Los santos!, ¡los fuertes! ¡Los anacoretas, artistas que el mundo ya no necesita!

¡Farsa continuada! Mi inocencia me provocaría las lágrimas. La vida es la farsa que se desenvuelve con la ayuda de todos.

¡Basta! He aquí el castigo. - ¡En marcha!

¡Ah! Los pulmones me queman, las sienes repiquetean! La noche danza en mis ojos por causa de este sol! El corazón ... Los miembros ..

¿A dónde nos dirigimos? ¿Al combate? ¡Yo soy débil! Los otros avanzan. Las herramientas, las armas ... ¡El momento!

¡Hagan fuego! ¡Hagan fuego sobre mí! ¡Oyen! O me rindo.-- ¡Cobardes! - ¡Me mato! ¡Me tiro debajo de los cascos de los caballos!

¡Ah! ...

-Si me habituara.

¡Sería la vida francesa, el rumbo del honor!

 

La Condesa sangrienta y el universo femenino

La Condesa sangrienta y el universo femenino

El universo femenino en el que se movía Erzsébet resulta  sorprendente. Aunque había lacayos en el castillo, éstos no asistían a la ejecuciones; todos los hombres quedaban excluidos de las ceremonias. Sólo mujeres permanecían encerradas con la Condesa y las víctimas, dice Penrose mientras Pizarnik acota: "No hubo sino mujeres en sus noches de crímenes".

Este universo que rodeaba a Erzsébet, guarda una cierta clasificación: víctimas, hijas, ideólogas, cómplices, testigos y, aunque sea de dudosa veracidad, el comentario es que ella también tenía amantes femeninas. Características propias de cada una de esas mujeres las hacían caer en una u otra categoría. Pero a pesar de la discriminación, estaban todas juntas en los sótanos del castillo. Esta concentración femenina no fue una idea original de la Condesa, ya que siempre -y aunque con distintos fines - existieron lugares exclusivos para mujeres. Prueba de ello son la casa de las menstruantes y el paritorio, donde el acceso de los hombres estaba prohibido. También el harén y el prostíbulo son universos femeninos, pero allí el varón no sólo tiene permiso para entrar sino que, además, es dueño o visitante privilegiado. Por otra parte, la compañía le salía barata a Erzsébet, ya que un pachá turco contemporáneo de ella tenía que pagar diez caballos de raza por cada joven cristiana que le entregaban para su harén. La Condesa podía disponer de esas jóvenes con un insignificante obsequio de por medio.

CÓMPLICES

Las viejas y repugnantes criadas Jo Ilona y Dorkó eran dos mujeres a las que la Condesa tenía permanentemente a su lado. Feas, sucias y crueles, se dedicaron primero a la crianza de los hijos que su ama, ayudada con filtros y brebajes y sin desearlos, tuvo. Luego se quedaron con ella para atenderla directamente. Esos dos seres embrutecidos que, según Pizarnik, parecían "escapadas de alguna obra de Goya" eran las encargadas de traerle a Erzsébet las muchachas que ella mordía cuando la atormentaban lancinantes dolores de cabeza o que asesinaba para bañarse en su sangre. A Jo Ilona y Dorkó se sumaba Kata cuya tarea era, simplemente, sacar los cadáveres de la sala de torturas. La primera era alta y recia, oriunda de Sárvár, mientras que Dorottya Szentes, apodada Dorkó por su ama, había sido llamada para atender a Anna Nádasdy en la época de su casamiento. Cuando Anna se fue a vivir con la familia del marido, en contra de lo que se acostumbraba, Dorkó no la siguió. Por ser experta en conjuros, Erzsébet había decidido retenerla. La Condesa, hermosa y perfumada, parecía complacerse en compañía de aquellas dos mujeres desmañadas, manipuladoras de sangre sucia. Tal vez porque al lado de ellas podía florecer su sangriento atavismo. Como le sucedía a sus cómplices, a Erzsébet lo diurno, lo resplandeciente, por instinto, le eran adversos.

Más adelante, cuando recolectar víctimas se iba haciendo cada vez más difícil, al equipo de cómplices se agregó Kateline. Por su aspecto simpático y alegre, era un eficiente señuelo para atraer a las cada vez más reticentes campesinas. A veces, apiadándose de las jóvenes encerradas en los sótanos, les daba de comer hasta que un día Erzsébet se enteró y mordió también a la aterrorizada Kateline.

El Tribunal que juzgó a la Condesa sentenció a sus cómplices primero, a que se les arrancaran los dedos, esos con los que, según se decía, las plebeyas habían cometido tantos crímenes. Luego, al igual que Juana de Arco y que tantas otras mujeres de aquella época, fueron condenadas a morir en la hoguera. Las que pertenecían a la categoría de cómplices debían reunir tres requisitos fundamentales: fealdad, pobreza y falta de inteligencia. Si alguna de esas características se encontraba ausente, caían en otra categoría.

IDEÓLOGAS

Las poderosas y temibles brujas preferidas por la Condesa fueron más ideólogas que cómplices, ya que activamente se encargaron de encender, en la Dama Aterradora, tanto fantasías de inmortalidad como las formas de hacerlas reales. En 1604 murió Ferencz Nádasdy y fue en ese preciso momento que Darvulia, una mujer viejísima, de horrible humor y carente de piedad a la que llamaban "la bruja del bosque", se mudó al castillo de Csejthe. Darvulia, dice Penrose, venía del corazón del bosque, en el que volvía a hundirse ciertas noches para aullar a la luna. "La que nos asustaba desde los libros para niños", responde en eco Alejandra Pizarnik.

En Csejthe, la Condesa y Darvulia tenían el campo libre. Como la provincia estaba alejada y retrasada, sus habitantes eran ignorantes y permanecían aterrados por las supersticiones de la montaña. Todos temían los embrujos de Darvulia. La antigua tierra de los dacios era aún pagana y su civilización llevaba dos siglos de retraso con respecto a la de Europa occidental. Reinaban la misteriosa diosa Mielliki y el dios Isten, al que Erzsébet solía rezar una oración. El diablo Ordog, servido por sus brujas, habitaba los supersticiosos Cárpatos. En cambio el vampiro, el dragón, el lobo, resistiendo a los exorcismos, lo hacían en los bosques del país de Erzsébet. Ella había nacido allí, en el este, en aquel humus de brujería y a la sombra sagrada de Hungría, donde la religión protestante no pudo desplazar al paganismo.

Siempre existieron muchas muertes debido a siniestros y aterrorizantes victimarios: hombres lobos y vampiros hacían de las suyas. A menudo las muchachas desmejoraban y morían y, si al exhumarlas se comprobaba que sus cadáveres no estaban lo suficientemente descompuestos, era aconsejable atravesarles el corazón con una estaca antes de volverlas a enterrar. Darvulia sabía que, en medio de todas estas creencias, no había riesgo en hacer desaparecer más campesinas jóvenes y hermosas para proveerle a Erzsébet la magia de la sangre. La bruja quiso que las víctimas fueran muy jóvenes, pues sabía que si habían conocido el amor el buen espíritu de su sangre estaba perdido. Ella convenció a la Condesa que, gracias a la sangre, podría volverse invulnerable, conservando así eternamente su belleza. Pero Darvulia, la bruja, jugaba. Y porque juega es por lo que la verdadera bruja sigue siendo bruja a través de las edades de más allá del tiempo. Jugando a la inmortalidad, Darvulia le enseñaba a Erzsébet a creer que era posible triunfar sobre la vejez y vencer a la muerte. Fue así que la inició en los más crueles juegos: le enseñó a ver morir y el sentido de ver morir.

Pero como no era el personaje de un cuento, Darvulia se murió. Entonces, Erza Majorova, oriunda de Miawa, una pequeña aldea vecina a la montaña, ocupó su lugar. La consideraban consagrada al diablo, y circulaban siniestros rumores en torno a su persona: que hechizaba a los humanos, que mataba al ganado y que conocía el secreto de todos los maleficios. También decían que sanaba con filtros, que predecía el futuro de las jóvenes y que curaba a las mujeres de los campesinos. Debía poseer un fuerte poder de sanadora sobre el sexo femenino, ya que también las damas castellanas acudieron a ella. Le pedían que les hiciera desaparecer, con sus misteriosas recetas, las señales de viruela y las quemaduras. Así fue que se convirtió en la curandera titular de Erzsébet.

¿Curandera o malhechora? Es que toda bruja tiene varias caras. Una, vista desde la óptica de sus enemigos, la otra, contemplada por los ojos de sus partidarios. Una tercera mirada, más objetiva, la ofrecen los historiadores. Con éstos, descubrimos algo similar a lo que sucedía con el demonio: el concepto del mal se relativiza y la brujería aparece como la manifestación de una fuerza que se rebela ante el poder de los opresores. Prueba de ello es el libro "Aradia: El Evangelio de las brujas". Escrito en una época en la que el culto brujeril era claramente la religión de las clases oprimidas, fue compuesto por una comunidad rural y muestra la influencia de la ideología política propia del siglo XIV. Aradia es hija de la diosa Diana -patrona de los pobres y oprimidos - y de su hermano Lucifer. Se trata de un espíritu que tiene como destino visitar la tierra como un mesías moral, para enseñar la brujería a los sojuzgados pobres. Aprendiendo éstos los secretos y las artes del poder mágico, podrían liberarse de sus opresores. En una época en que la creencia en la magia era universal, ésta les parecía a sus militantes un medio lógico para asegurarse la justicia. Se trataba tanto de una rebelión contra la Iglesia Católica como contra un orden social ya que, en oposición a las enseñanzas de Jesús, la Iglesia de la Edad Media predicaba que era deber de todo buen feligrés obedecer a la autoridad, por opresiva que ésta fuese. Es que sólo apoyando a esa tirana autoridad de la nobleza podía la Iglesia sostener la propia.

Es significativo el hecho de que la mayoría de las personas acusadas de brujería en Europa fueran mujeres. En este caso, el predominio femenino trasciende al universo de Erzsébet. Para comprender el fenómeno, es imprescindible tener en consideración el lugar que ocupaba la mujer en la sociedad medieval. Sólo sosteniendo la creencia en la brujería como un poder maléfico se podía seguir manteniendo a las mujeres sometidas a los varones. Por otra parte, cuando los detractores de las brujas hablan de las maldades de éstas, pueden estar refiriéndose a lo que para ellas son sus placeres.

Había, entre esas brujas, muchas con un amplio conocimiento de los poderes benéficos de las hierbas. Estos saberes se transmitieron de generación en generación entre las mujeres pertenecientes a la humilde clase de las campesinas. Algunas plantas eran medicinalmente curativas y las brujas acrecentaban esos beneficios con palabras y hechizos mágicos. La fe en la magia aumentaba el poder curativo de la hierba; a esto aludió Freud al referirse a la fuerza de la sugestión, fuerza que fue el motor de todas esas prácticas a las que hoy llamamos medicina alternativa y que, notablemente, eran la única atención a la que podían acceder las enfermas o parturientas. Ya desde los tiempos de Galeno y aún durante la Edad Media, cuando la moral dominante impedía a los varones explorar a las mujeres, las verdaderas conocedoras de los misterios del cuerpo femenino eran sus propias dueñas. Las que adquirían más competencia en este conocimiento de sí se transformaban, como dice Aline Rouselle, en "las especialistas del barrio, de la aldea o de la casa". Eran las comadronas, parteras o matronas, que atendían los partos y todas las enfermedades de la mujer.

Los enemigos de las brujas tenían varios indicios para detectarlas. Uno de ellos eran los gatos, habitualmente negros. Así era también en Csejthe. En la Europa de la Edad Media no se acostumbraba tener animales domésticos; por eso, si una anciana tenía gatos como compañía, podía despertar fácilmente sospechas. Era habitual creer que estos animales fuesen regalos de otras brujas o del mismísimo diablo, y que se alimentaban de leche y sangre. También se suponía que las brujas se transformaban en animales: gatos, liebres y sapos eran los preferidos para la metamorfosis. En este contexto, Parrinder señala algo que también encontramos en Penrose: la conexión entre brujas y vampiros, "pues ambos chupan la sangre y la sustancia espiritual de las víctimas en quienes se ceban". Esta energía que se absorbe es, sin duda, la libido. Pero las brujas no sólo absorben, también dan. En la vida de Erzsébet sus ideólogas cumplieron un rol materno fundamental. Con sus conjuros y enseñanzas, le transmitieron una necesaria sensación de protección, mientras curaban sus dolencias. Sin embargo, todo alimentaba la continuada alienación de su mente. Así, y a medida que el tiempo transcurría, se iba poniendo en evidencia que la debilitada Condesa compartía cada vez más con sus brujas, gustos, saberes y secretos. Pero, a pesar de la influencia de estas maestras, nunca pudo la discípula recibirse, ella misma, de bruja, le faltó autonomía y confianza en sí. Una mujer para la cual la belleza es una obsesión, nunca puede llegar a transformarse en una verdadera bruja.

Las que poblaron de ideas el alma siempre colonizada de la Dama de Csejthe, debían ser humildes, curiosas, inteligentes y dueñas de un particular carisma. La belleza podía o no estar presente, pero la rebeldía era una cualidad imprescindible. También podemos sacar, a esta altura, otra conclusión: ideólogas, cómplices y víctimas pertenecían a la clase social baja, mientras que las testigos eran de la nobleza.

TESTIGOS

Sólo de tarde en tarde sintió Erzsébet deseos de sacrificar a alguna de las muchachas de noble cuna que la acompañaban. El vampiro pálido no ataca a las de su raza; sabe distinguir los manantiales de sangre más rica y no yerra. Las damas de honor eran hermosas y obedientes pero, gracias a su pobre y noble sangre, se salvaban del sacrificio. Ellas jugaban al ajedrez, galopaban en las cacerías y cantaban, a los invitados, las muy tristes canciones de Nyitra. También podían servir para la cama. Se dice que sólo en los finales de la sangrienta historia, algunas de estas muchachas se transformaron en víctimas de los sacrificios de la Dama Roja. A pesar de que sus corazones húngaros no eran precisamente tiernos, no fue fácil para ellas ser testigos de tanta crueldad. Refugiadas en un rincón de la habitación, debieron de adquirir la costumbre de ver y oír sufrir. A pesar de todo, jamás testimoniaron contra Erzsébet. Ni siquiera comparecieron en el proceso. No fueron convocadas, ya que había una absoluta ausencia de mujeres en el Tribunal pero, de haber sido llamadas a testificar, hubieran permanecido mudas ya que después de todo, no tenían ninguna razón para no sentirse atraídas, a la larga por esta mujer bella e inquietante, ni para sustraerse a sus dementes voluntades. La insondable Condesa, como ya tuvimos varias veces ocasión de comprobarlo, fascinaba: no tenía nada de la mujer corriente a la que el instinto y la vitalidad hacen huir, temerosa, ante los demonios. Los demonios los llevaba adentro. Era una singular y atrayente figura de identificación para las sumisas castellanas, ya que concretaba todo lo que ellas no se animaban más que a fantasear.

Algunas de las damas de compañía hasta compartían la categoría de cómplices. A los 45 años, Erzsébet solía ser visitada por una mujer misteriosa, a la que nadie pudo dar un nombre, que acudía a las citas disfrazada de muchacho. Durante el proceso, una sirvienta testimonió que esa desconocida había torturado, junto con su ama, a una joven. La mujer disfrazada parecía pertenecer a la alta sociedad. ¿A qué atribuir tal travestismo? Es frecuente encontrar, en las historias de mujeres, que ellas tomen nombres de varón o vistan sus ropas, casi siempre para legitimar conductas prohibidas para ellas y autorizadas para él: escribir, publicar sus escritos, amar a otras mujeres, etc.

HIJAS

De haber podido elegir su vida, la Condesa no se habría casado ni habría tenido hijos. No le agradaba en absoluto que la consideraran como a un gigantesco insecto hembra destinado a la procreación. Ni siquiera tuvo oportunidad de que se estructurara en ella un posible deseo de maternidad. Tal vez porque no quiso tenerlos es que hay muy pocas referencias a los hijos en el texto de Penrose, mientras que Pizarnik hace una sola mención. Los hijos de la Condesa no le pertenecían. Eran de un sistema social opresor que, parafraseando a Aline Rouselle, domina el cuerpo de la mujer y oprime el del niño; sistema social para el que la existencia individual no cuenta.

Debido a que la Condesa estaba enferma con frecuencia, se vaticinaba que el remedio mágico para todas esas dolencias era la maternidad. Por eso, le hacían tomar toda clase de drogas, así como le fabricaban los más variados talismanes. La magia dio resultado ya que los filtros acabaron por revelarse eficaces. La primera en nacer fue Anna, en 1585, cuando Erzsébet tenía 25 años. La siguieron dos niñas más, Orsolya y Katerine. El universo de la Condesa se seguía habitando de mujeres. El último en nacer, en 1596, fue Pal, su único hijo varón. Se dice que tuvo una hija natural con un joven campesino aunque son contradictorias las versiones acerca de la fecha en la que esto sucediera. Desde ubicar el nacimiento antes de su boda, cuando Erzsébet tenía 14 años, hasta afirmar que la criatura nació cuando tenía 49. Como no vivía con ella, es probable que la pequeña haya sido dada en crianza y custodia a un matrimonio de Transilvania. En caso de haber nacido en una familia de clase baja, la hija podría haber sido víctima de uno de los tantos infanticidios, comunes en los tiempos de la Europa feudal. Como los abortos eran muy peligrosos, lo más frecuente, en el caso de los hijos no deseados, era abandonarlos al nacer o asesinarlos.

Por otra parte, en la Edad Media la herencia, los bienes familiares, la relación de fuerzas en el ámbito político y la estabilidad de los grupos de poder, dependían de que existiera descendencia. Esto explica la preocupación de las mujeres pertenecientes a las clases superiores, por ejemplo la suegra de Erzsébet, respecto a tener hijos. Por otra parte, como el embarazo y el parto significaban riesgos vitales importantes, es comprensible que existieran razones que entraban en conflicto con la idea de traer hijos al mundo. Aunque los partos quedaban en manos de las comadronas, éstas no poseían tantos conocimientos. De allí el temor que toda mujer de aquella época sentía ante la idea de dar vida. Erzsébet no escapaba a esa generalidad. Por otra parte, era consciente de tener no sólo el alma sino también el cuerpo enajenado, por eso se oponía, aunque inútilmente y no con las más eficientes armas, a los embarazos. En cuanto a la relación que entablaba con sus hijos legítimos siendo ellos pequeños, poco sabemos. Es de suponer que su maternidad se regiría por las típicas costumbres de su Hungría medieval. Para todas las tareas menores, como limpiar, bañar, vestir, alimentar y vigilar, se contaba entre la clase alta con criados y amas. Por esto, y porque las mujeres nobles eran desposadas a muy temprana edad, era frecuente, aunque no en el caso de Erzsébet, que tuvieran gran número de embarazos y partos: 8 a 10 hijos. Los de la Condesa Báthory fueron criados por Jó Ilona y Dorkó, las mismas que más tarde se transformarían en sus cómplices.

Las mujeres de las clases bajas, obligadas a alimentar y encargarse personalmente de todo lo relativo a sus crías, establecían intensos vínculos libidinales con ellas, a diferencia de las nobles, que se relacionaban de manera más distante. La Dama de Csejthe no fue una excepción a esta regla. No sentía afecto por sus hijos, excepto por Kata, la menor de las mujeres.

Cinco meses después de muerto Ferencz Nádasdy, en 1604, pasó con Anna algo similar a lo ocurrido con su madre. Fue casada con Miklós Zrinyi, hijo de una familia tan antigua e ilustre como la de los Báthory. Este no entendía nada del comportamiento de su suegra, del uso exagerado que hacía de los afeites, de ese esplendor melancólico que, a pesar de su edad y de su viudez, ella se empeñaba en conservar. Un día que, junto con Anna, visitaba a Erzsébet, el enorme perro lebrel de los Zrinyi apareció con un horrible jirón de carne en sus fauces. Había descubierto, en los jardines del castillo,uno de los cadáveres enterrados. El horror y el rechazo del yerno por su suegra se hizo aún más intenso.

Katerine, la preferida, fue dada en matrimonio a Georges Druget, descendiente de una familia francesa. Por amor a su esposa, él se mostró piadoso con Erzsébet cuando ésta fue condenada por el Tribunal. De Pal sabemos solamente que fue entregado para su crianza a un tutor.

VÍCTIMAS

Como entra de repente la inquietud, como se propaga el fuego, como se arranca uno las ropas, así se apoderaba súbitamente del Erzsébet la sed de sangre. Entonces, reuniendo a sus sirvientas, se dirigía con ellas hacia los sótanos del castillo. En ese enjambre de mujeres se encontraban las que, por su belleza y juventud, se transformarían muy pronto en víctimas, y esas otras sirvientas viejas, desdentadas, con caras de brujas, las que, por su fealdad, tenían la suerte de convertirse en cómplices. En cuanto a las víctimas, se trataba, en su mayoría, de campesinas muy jóvenes y rubias, robustas, esbeltas, de tez tostada y almendrados ojos azules. Eran supersticiosas, torpes y tan ignorantes que, a veces, ni sabían firmar con su nombre. Oriundas de la provincia de Nyitra, habían sido reclutadas de sus casas por las cómplices de la Condesa, quienes prometían a las madres de las víctimas una pollera nueva o una chaqueta. A veces, el ganado sacrificado se componía de muchachas aún más hermosas, que llegaban de la región de Eger o incluso de más lejos, de los confines de Eslavonia. Esbeltas, delicadas, de generosa estatura, con rasgos finos y grandes ojos verdes o grises, las naturales de los Tantras eran capaces de realizar las tareas más pesadas. De esas criaturas, acostumbradas en sus casas a una vida más dura que la de los animales, atrevidas en plena naturaleza y acobardadas en las estancias del castillo, capaces de mantener a raya a un lobo, y que se arrastraban a los pies de la Condesa para pedir gracia, desaparecieron alrededor de seiscientas cincuenta

Todo se remonta a cuando aún vivía Ferencz Nádasdy. Ya desde esa época ninguna muchacha podía estar segura trabajando al lado de la Dama de Csejthe. Se dice que ésta se llenaba de furia cuando Orsolya, su suegra, le recriminaba entre lastimosos suspiros el que no quedara embarazada. Como venganza, y en evidente desplazamiento de su rabia, al volver al cuarto pinchaba a sus hermosas sirvientas con alfileres. Algo parecido ocurría cuando la torturaban sus famosos dolores de cabeza: hacía que le trajeran dos o tres campesinas robustas para morderles los hombros y masticar la carne arrancada. Mientras las víctimas aullaban de dolor, la victimaria veía desaparecer, mágicamente, sus propios sufrimientos. Las jóvenes sirvientas eran mujeres de pocas palabras, tan silenciosas como bellas. Ingenuas y necesitadas, desconocían las consecuencias de sus leves faltas. Si robaban la comida o el dinero encontrados, si limpiaban mal las alacenas o se equivocaban al bordar, podía suceder lo más terrible. Como Dorkó y Jó Ilona informaban de todo a su ama, los castigos estaban sujetos a las variaciones del estado de ánimo de ésta. Si estaba en un buen día, hacía desnudar a las culpables para que así continuaran, rojas de vergüenza, sus bordados. O las obligaba a quedarse paradas, también desnudas, en un rincón, mientras ella las contemplaba. Nadie había oído hablar, antes, de una exhibición tan insólita como abominable . Al mismo tiempo, nos preguntamos: ¿ Y para qué la mirada de estos ojos? Porque desnudar es propio de la muerte, responde Alejandra. Nosotros agregamos: o del amor.

Si, en cambio, la falta de su sirvienta se encontraba con uno de los malos días de Erzsébet, el castigo consistía en poner en la palma de la mano de la culpable la robada moneda al rojo vivo. Asimismo, una plancha caliente aplicada en el rostro de la costurera cuando cometía un error, era el método recomendado para hacerle recordar sus deberes. Si su falta consistía tan sólo en hablar, la Condesa en persona se encargaba de coserle los labios con la misma aguja que momentos antes se encontraba en las manos de la muchacha. Intolerante, también les hacía coser la boca a las que gritaban cuando Jó Ilona y Dorkó les ordeñaban la sangre. Al fin de cuentas, la Condesa había sufrido en boca propia por ser mujer, el mandato de guardar silencio.Repetía una vez más, como victimaria, lo que había sufrido como víctima. Otra silenciada fue Ilona Harczy. Procedente de la Baja Hungría, la joven campesina fue torturada en Viena y traída a Csejthe para darle muerte. Dueña de una maravillosa voz, modulaba con destreza canciones eslovacas. Cantaba baladas en el castillo y salmos en la iglesia. La Condesa había preferido asesinar esa voz y utilizar, para su siempre anhelada juventud, la sangre de la joven cantante. Después dispuso para ella solemnes exequias.

Al principio, todas las muchachas sacrificadas eran enterradas luego de celebrar los funerales en la iglesia. Los cadáveres, limpios y vestidos, se conservaban sin enterrar esperando la llegada de los familiares, oportunamente avisados de la tragedia. Siempre existía una razón para explicar la muerte de tan bella y humilde joven. Pero como el tiempo iba pasando y esas muertes iban en aumento, las explicaciones parecían inconsistentes. En Viena, a donde Erzsébet concurría tres o cuatro veces por año, se la empezó a llamar "die Blutgrafin" - la Condesa Sangrienta - y comenzaron a circular siniestras historias acerca de los baños con sangre de vírgenes. Muy pronto, la necesidad de hacer desaparecer los cadáveres se fue haciendo una pesadilla para Kateline.

Como Erzsébet no conseguía detenerlo, el tiempo iba dejando huellas sobre su todavía hermoso pero ya arrugado rostro. Era la época de Majarova y a ella acudía para protestarle. Fue cuando la bruja sugirió sangre azul que comenzó la cacería de las hijas de los zémans, nobles campesinos, barones o caballeros. Las cómplices prometían, en nombre de su ama, enseñanzas de buenos modales o de idiomas a las jóvenes de familias nobles. Era a cambio, simplemente, de compañía para Erzsébet, en ese largo invierno que se avecinaba. Las viejas desdentadas consiguieron veinticinco ingenuas muchachas. Dos semanas después, ya no quedaba ninguna viva. Cuando Thurzó, por rumores, se enteró que su prima Erzsébet ya no se conformaba con la sangre de las campesinas y que había empezado a necesitar la de las hijas de los gentilhombres húngaros, se decidió a actuar. La última víctima fue Doricza, una muchacha de sangre espesa a la que la Condesa Báthory sacrificó el 28 de diciembre de 1610, otro macabro Día de los Inocentes. Primero, había sido torturada por las dos viejas criadas. Luego, al llegar Erzsébet, le dio cien azotes. La muchacha, a pesar de todo, no quería morir pero cuando Dorkó, según la costumbre, le cortó las venas, ella se desplomó, ya sin vida, en una última oleada de sangre.

A pesar de los crímenes, la relación que la Dama de Csejthe establecía con sus víctimas habla de una evidente y confesada admiración, posible de significar desde varios enfoques. Erzsébet puede ser comparada, por ejemplo, con una madre envidiosa de la juventud de las hijas. Mientras que el vínculo con ellas, tal como vimos, parecía vacío de sentimiento, con las jóvenes a su servicio establecía relaciones que, aunque pasajeras, eran emocionalmente muy intensas. Le era imposible prescindir de ellas, precisamente como esa madre que cree que, impidiendo el crecimiento de sus hijos, puede detener el avance del tiempo y la llegada de la vejez. Ella llevó al límite del asesinato esa creencia, desplegando con sus víctimas su sangriento vampirismo. Otras mujeres, con consecuencias trágicas similares, parasitan a sus hijos -único sentido de su existencia - impidiéndoles moverse. En este caso, se trata de madres que han internalizado en su estructura psíquica un sistema de creencias para el que la maternidad provee la máxima valoración; sin los hijos, la vida no tiene sentido. Como no aprendieron a nutrirse en vínculos maduros y autónomos, obstaculizan la autonomía de estos hijos para que ellos no hagan sus propios nidos. Más tarde, cuando llegan a viejas, se convierten en hijas de ellos. O mejor dicho de ellas, porque son las mujeres las que generalmente quedan destinadas a permanecer al lado de la madre. Las psicoanalistas Susie Orbach y Luise Eichenbaum explican este hecho diciendo que "la madre ve al hijo y a la hija de manera diferente. Ella puede ver a su hijo como otro, como distinto, dada la diferencia de géneros que existe entre ambos, y que representa una clara división entre los dos. El es él y ella es ella. En el caso de una hija, esta utilización del género que permita la diferenciación, no existe". Se trata de relaciones de madres infantiles con hijas infantiles condenadas a transformarse en enfermeras devotas. Si este tipo de vínculo simbiótico puede eternizarse, es gracias a que la culpa que invade a la hija que intenta rebelarse es un precio dolorosamente caro de pagar. Ella, al igual que su madre, tampoco sabe que tiene derecho a adueñarse y disponer de su propia vida. De estas circunstancias al desarrollo de una depresión, hay un sólo paso.

En el caso de la Condesa, la máxima valoración no recaía en el rol materno sino en otros ideales femeninos: belleza y juventud, cualidades encargadas de sostener su lastimado narcisismo. De allí la envidiosa admiración que le despertaban sus víctimas. Como Erzsébet no se eternizaba en sus vínculos, que eran pasajeros y fugaces, nuevas muchachas suplían rápidamente a las asesinadas. Y así como muchas veces, en sus crisis de furia con la suegra desplazaba esos sentimientos hacia las jóvenes sirvientas, así también volcaba en ellas su sed de eterna juventud y perenne belleza. De manera similar, en Argentina y en el siglo XX se despliegan, entre empleadoras y empleadas domésticas, vínculos que reproducen, total o parcialmente, los argumentos de relaciones más primarias, como por ejemplo todo aquello sucedido entre madres e hijas o entre hermanas. Esos sentimientos que la Condesa no revivía con sus hijas, los repetía en sus vínculos con las campesinas. Estas no sólo no podían ser consideradas diferentes por una cuestión de género, sino que además, según la estructura social propia del feudalismo, los siervos pertenecían a sus señores. No era extraño, desde este punto de vista, que Erzsébet dispusiera de las campesinas como si se tratara de objetos de su propiedad. Se adueñaba de lo que, según había aprendido, era suyo.

Durante el proceso que se entabló contra ella, los jueces consideraron agravante la circunstancia de que los crímenes se hubieran cometido "contra el sexo femenino". Debieron de entrever profundidades perversas, misteriosamente sensuales, que les causaron terror . A pesar de esto, el tribunal evitó preguntarse, entre otras cosas, por qué la noble Condesa prefería, para sus baños de sangre, sacrificar a las hijas de la plebe. Una vez más, ellas eran las víctimas. Como cuando el lobo patriarcal, disfrazándose de "amor" cortés en los castillos, violaba a esas mismas campesinas, tratándolas, él también, como objetos de su pertenencia. En este sentido, parece aplicable para la Condesa Báthory una reflexión de Mario Vargas Llosa referida a Gilles de Rais - especie de versión masculina de Erzsébet-: "Vivió en una sociedad donde la nobleza confería una superioridad semidivina, un derecho casi ilimitado para la materialización de los deseos".

Por otra parte, las mujeres - tal como corresponde - quedaron excluidas del tribunal: los veinte jueces eran varones. Las únicas que estuvieron en el juicio fueron las acusadas Jó Ilona, Dorkó y Katalin. De los trece testigos, sólo tres pertenecían al sexo femenino.

LESBIANAS

Sucedió en los tiempos en los que aún no se conocía ninguna tenebrosa historia cuando Ibolja fue al castillo por orden de su madre, que la había canjeado por una hermosa pollera nueva. Tenía miedo. Nunca antes había estado en Csejthe ni en ningún otro castillo. Allí, todo era demasiado majestuoso y brillante. Jó Ilona le había ordenado que esperara a la que desde ese momento sería su ama. Cuando Ibolja la vio, imaginó inmediatamente de quien se trataba: aquella mujer tan hermosa, de mirada penetrante, debía ser la Condesa. Nunca había visto a nadie tan maravilloso. Parecía que todo el mundo se había borrado y que sólo existían la hermosa dama y ella. El corazón de Ibi se agitó, mientras la respiración se hacía más y más rápida. Quedó deslumbrada, sabiendo que la dulce esperanza de volver a verla sería eterna. Pocos días después, las malolientes sirvientas fueron a buscarla al dormitorio que compartía con otras costureras. La llevaron a los aposentos de Erzsébet y la hicieron desnudar. Su ilusión se extinguió enseguida: la hermosa Ibolja descubrió que no estaba allí para el amor sino para la muerte. "... Nunca pudieron aclararse los rumores acerca de la homosexualidad de la condesa, ignorándose si se trataba de una tendencia inconsciente o si, por lo contrario, la aceptó con naturalidad, como un derecho más que le correspondía", dice Alejandra Pizarnik al respecto. La Condesa maléfica poseía otro secreto, secreto susurrado que no ha podido esclarecer el tiempo, algo que se confesaba a sí misma o que ignoraba; tendencia equívoca de la que no se preocupaba o, quizá, derecho que se concedía junto con todos los demás. Pasaba por haber sido , además, lesbiana, agrega Penrose.

La escritora francesa y nuestra Alejandra no tienen la misma concepción acerca de la homosexualidad de Erzsébet. Para la primera, se trataría de una tendencia equívoca o de un derecho que se autoadjudicaba, comparable a su impunidad con el crimen. Para Pizarnik, podía tratarse de una tendencia relegada al mundo inconsciente o de un sentimiento que Erzsébet conocía y aceptaba como natural. Las adjetivaciones de una y otra escritora representan las diversas posturas que, en general, la sociedad tiene con la homosexualidad: cuestionamiento y repudio, o aceptación.

Por otra parte, Penrose también nos cuenta que al anochecer de una tarde de fiesta, Erzsébet quedó fascinada por el esplendor de una de sus primas (...). La noche fue avanzando y no se separaron. Surge una necesaria pregunta: ¿Qué revelaciones trajo a Erzsébet aquel esbozo de amor con un alter ego, réplica perfecta de su propia belleza? De ser verídica esta escena, no logramos entender cómo la misma mujer que se fascinaba con otras era capaz de asesinarlas sin contemplación ninguna. Cabe pensar que, de haberse permitido ser lesbiana, la Condesa, en lugar de asesinar mujeres, las habría amado. Si hubiera podido desplegar su lesbianismo - sofocado y desviado -en vez de bañarse con la sangre de la mujer, se habría nutrido de su amor. Creemos que a esta idea alude también Penrose cuando termina así su capítulo primero: Adiós, pues, a esos umbrales prohibidos de espejos donde se sientan dos sombras semejantes. Pero ir aún más allá, hasta no tener ya más que el crimen por comparsa, tal era el destino de Erzsébet Báthory. Por cierto, hay un parecido indiscutible entre la conducta de la Dama de Csejthe y la que generalmente tiene la lesbiana: ampararse en lo oscuro de la clandestinidad. Pero la Condesa no se escondía para amar sino para matar. Como algunas mujeres que, sometidas a mandatos que les prohiben quererse, con el yo dolorosamente quebrado se asesinan, mutilando y pervirtiendo su propio deseo y el de la otra.

Penrose explica la homosexualidad y la crueldad de nuestra Condesa diciendo que en lo referente a horóscopos femeninos, cualquier fase desfavorable que Mercurio reciba de la Luna, en relación, a su vez, con Marte, provoca una tendencia a la homosexualidad. He aquí por qué la lesbiana, con frecuencia es también sádica; el influjo de Marte, masculino y guerrero, la conduce y su mente, influida por las lanzas crueles no teme herir, en amor sobre todo, a lo hermoso, joven, enamorado y femenino. Pero hay otras formas de entender la crueldad de Erzsébet. Cuando un ser enamorado necesita, imperiosamente y por alguna razón, desprenderse del objeto de su pasión, muchas veces no tiene otra alternativa que hacerlo pedazos dentro de sí. En cambio Erzsébet - que en esto no sabía de símbolos - llevaba a la acción esos asesinatos. Es más. A algunas muchachas les quemaba el sexo con la llama de un cirio. Alejandra Pizarnik explica así esta singular relación placer - muerte, este siniestro erotismo mortífero: "El desfallecimiento sexual nos obliga a gestos y expresiones del morir (jadeos y estertores como de agonía, lamentos y quejidos arrancados por el paroxismo). Si el acto sexual implica una suerte de muerte, Erzsébet Báthory necesitaba de la muerte visible, elemental, grosera, para poder, a su vez, morir de esa muerte figurada que viene a ser el orgasmo".

"Como Sade en sus escritos, como Giles de Rais en sus crímenes, la condesa Báthory alcanzó, más allá de todo límite, el último fondo del desenfreno. Ella es una prueba más de que la libertad absoluta de la criatura humana es horrible". Con estas palabras concluye Pizarnik su libro. Si por libertad absoluta entendemos aquel límite transgredido por la locura cruel, aceptamos la palabra libertad usada por Alejandra. Si no, nos parece más adecuado entender el sadismo de la Condesa como la consecuencia del resentimiento provocado por la obligación de obedecer rígidos e inhumanos mandatos . Como vano intento de escapar a éstos, ella recurría a la violencia, a la marginalidad y al encierro. Algo similar puede llegar a sucederle a algunas personas desterradas en ghettos: se vuelven crueles, hasta el extremo de destrozarse unas a otras.  fuente: Isabel Monzón.com

The wiker man

Absolutamente alucinante, hermosa y extraña.  Imposible olvidar esta obra maestra que parece más un viaje lisérgico .

El Sargento Howie (Edward Woodward), un policía casto y católico de esos que no quedan, recibe una misteriosa carta en la que se le pide ayuda ante la desaparición de una chica en una isla cercana. Así que decide viajar hasta allí con su avioneta y una vez en la isla comienza a investigar. Pero la negación de la gente a la hora de hablar de la chica y las extrañas costumbres que practican infundadas por un hombre llamado Lord Summerisle (Christopher Lee), le hacen sospechar a Howie que algo oscuro y diabólico se esconde detrás de ese poblado y sus habitantes...


Ahora que ya está acabando todo el rollo este de Semana Santa he decidido hacer una reseña de El Hombre de Mimbre dirigida por el Robin Hardy en el 1973, y protagonizada por Edward Woodward, Britt Ekland, Diane Cilento, Lindsay Kemp, Aubrey Morris y el gran Christopher Lee. El Hombre de Mimbre es un trhiller de terror musical que nos sitúa (desde el principio con un mensaje sobreescrito (1)) en una isla escocesa liderada por un tal Lord Summerisle que somete a sus habitantes a una extraña religión pagana fundada en el sexo y la reencarnación.

 

Lord Summerisle es un tipo con un peinado un poco Glam que desafía en cierto modo a un mojigato cristiano a encontrar a una niña desaparecida, pero siendo esta búsqueda el eje central de la trama, en la película se dará un choque entre ambas religiones con tal de desacreditarse la una a la otra. De este choque de fes del que somos testigos, sacaremos como una conclusión que el Cristianismo puede llegara a resultar tan falso como la religión politeísta de los habitantes de esta isla. Mientras Woodward grita inutilmente dentro del Hombre de mimbre, allá por el trágico final del film, uno no puede más que pensar que esas palabras pueden ser aplicadas a su propia doctrina religiosa.


El particular via crucis del fundamentalista Howie que se da en El hombre de mimbre, está rodeado del pecado carnal del que ha sido cohibido desde su nacimiento. En la isla se practica el sexo de forma libre, y es enseñado a las niñas en el colegio sin ningún pudor. El pueblo entero se entrega de lleno al culto a sus dioses, cantando, danzando y disfranzándose de animales. Todos ellos preparan un final en el que el pobre Howie es un tipo que puede resultar un Rey puro y casto, pero que sin lugar a es un tonto de remate.

 

Como notas curiosas cabría destacar que Christopher Lee no cobró un céntimo por ponerse peluca y actuar para esta película, y que la buenorra de Britt Ekland usó dobles de cuerpo sin su consentimiento para la escena en la que se ve de espaldas y desnuda. Por cierto, después de años alejado del cine, parece que Robin Hardy ultima Cowboys for Christ de nuevo con Chritopher Lee, en la que cuenta las desventuras de dos jóvenes predicadores cristianos que son acogidos por una pareja bastante extraña...


Titulo original: The Wicker Man (Gran Bretaña, 1973).
Director: Robin Hardy.
Guión: Anthony Shaffer.
Actores: Edward Woodward, Christopher Lee, Britt Ekland...                    fuente:postnuclearr body diary

Hechos curiosos historicos sexuales

Hechos curiosos historicos sexuales

 Ante un juez los romanos juraban decir la verdad apretándose suavemente los testículos con la mano derecha, de ahí viene la palabra Testificar.

-Para distinguir las mujeres fértiles de las estériles se depositaban un diente de ajo dentro de la vagina hasta el alba y si el olor del ajo pasaba hasta su boca tendría un hijo y si no pos era estéril.

-Los legisladores españoles podían anular su matrimonio si su mujer era una estrecha.

- Una tradición decía que si una mujer se quedaba embarazada con la regla los hijos le salían pelirrojos.

-Los romanos llamaron al extremo del pene glande que significa bellota.

- Las egipcias orinaban a diario sobre diferentes granos de cereales para saber si estaban embarazadas y saber el sexo que iba a tener el bebé. Si no germinaba ningún grano no estaba embarazada.

- Con el paso del tiempo si un hombre ponía los cuernos a su mujer le metían un rábano por el ano y le depilaban las partes bajas, y si la mujer era infiel la desnudaban y la ponían en medio de la plaza del pueblo atada a un palo y posteriormente la paseaban por el pueblo montada en un burro desnuda.

- Las mujeres Helenas empezaban a cumplir años a partir de su matrimonio.

- Cleopatra fue la feladora más famosa del mundo antiguo, pues complació oralmente a un millar de varones.

- Para conservar su potencia sexual los varones griegos nunca debían orinar donde antes lo hubiese hecho un perro.

-Un amuleto Griego para aumentar la virilidad era ponerse un testículo de un burro en el brazalete.

- La noche de bodas era para la novia un suplicio ya que había que desflorarla brutalmente. Para que no se oyesen los gritos de la mujer, los invitados se ponían a cantar.

- La orquídea se llama así porque orq significa testículo en latín.

- Hay creencias en las que piensan que la virgen María parió por las orejas.

- El rey Tamba de Benarés, a los 22 años de edad acababa de celebrar su cumpleaños con sus 16000 esposas.

- En la España medieval, si una pareja abortaba eran enviados a la hoguera.

- Una creencia popular aseguraba que si se plantaban pelos de mujer menstruante en estiércol, se engendraba, gracias al calor del sol, una enorme serpiente.

- Los católicos del siglo V debatían la moral de la mujer y si era humana o no.

- Para no violar el mandato que impedía la ejecución de las mujeres vírgenes Tiberio ordenó que antes fueran violadas por el verdugo.

- Los maridos y amigos se reunían en el andrón, la zona masculina de la casa para organizar orgiásticos banquetes( orgías entre hombres), de los que sus mujeres estaban excluidas.

- Las mujeres romanas no podían salir a la calle y para comprar la ropa mandaban a mujeres feas.

-¡Pero que bestias! El bestialismo era común en el circo romano, los animales desde toros, leones, jirafas eran entrenados para que copularan con mujeres en la arena, si estas se negaban, el animal llegaba literalmente a violarlas inducidos por sus domadores.

- Creían que las mujeres feas eran menos fértiles que las guapas, los hombres demostraban su masculinidad teniendo hijos.

- Los egipcios que querían virilidad adoraban a Min, un Dios con el pene erecto.

- No solo los egipcios sentían atracción sexual por los cuerpos muertos y por eso los familiares de una mujer bella dejaban pudridse el cuerpo para que no se la beneficiasen.

- Las mujeres egipcias solían casarse entre los 12 y 14 años de edad y los hombres hacia los 16.

- En Japón, si la mujer era infiel se la sacaba a la calle y los vecinos de la aldea se corrían encima de ella (bukakke).

- Los egipcios también eran aficionados al coito anal.

- Para hacer el amor y masturbarse los griegos se untaban el pene con aceite.

- Los romanos celosos a los esclavos le ponían un piercing en el prepucio para que no mantuvieran relaciones sexuales con sus hijas, la ama u otras esclavas.

- Las mujeres romanas creían que después del coito el semen era absorbido por la matriz del útero e iba corriendo a lavarse a una palangana.

- Se decía que el coitus interruptus era malo para los riñones y la vejiga.

-Los solteros que fornicaban con la servidumbre eran condenados a pan y agua durante 20 días.

- Se creía que el semen brotaba de los riñones.

- Se creía que las mujeres de cara pálida y senos grandes eran frías en la cama.